Sonetos italianos

Co ’l tempo passan gli anni, e mesi, e l’ore;
co ’l tempo le ricchezze, imperio e regno;
co ’l tempo fama, onor, forza e ingegno;
co ’l tempo gioventù e beltà more;
co ’l tempo manca ciascun erba e fiore,
co ’l tempo ogni arbor torna in secco legno;
co ’l tempo passan guerre, ingiurie e sdegno;
co ’l tempo fugge e parte ogni dolore;
co ’l tempo il tempo chiar s’inturba e bruna;
co ’l tempo ogni piacer finisce e stanca;
co ’l tempo il mar tranquil dà gran fortuna;
co ’l tempo in acqua vien la neve bianca;
co ’l tempo perde il suo splendor la luna.
Ma in me già mai l’amor co ’l tempo manca.

Soneto de Vincenzo Colli

Co ’l tempo el villanel al giogo mena
el tor, sì fiero e sì crudo animale;
co ’l tempo el falcon si usa a menar l’ale
e ritornar a te, chiamato a pena;
co ’l tempo si domestica in catena
el bizzarro orso e ’l feroce cinghiale;
co ’l tempo l’ acqua, ch’ è sì molle e frale,
rompe el dur sasso come el fosse arena;
co ’l tempo ogni robusto arbor cade;
co ’l tempo ogni alto monte si fa basso.
Ed io co ’l tempo non posso a pietade
mover un cor d’ogni dolcezza casso:
onde avanza di orgoglio e crudeltade
orso, toro, leon, falcone e sasso.

Soneto de P. Sasso

Soneto pasajero.
Joaquín Fabrellas
Co´l tempo, fama, onor, forza e ingegno
Soneto de Vincenzo Colli, “il Calmeta”. S. XVI.

Con tiempo van los años, los amores,
Con tiempo la tristeza fija normas,
Con tiempo la riqueza gasta formas,
Con tiempo siempre vencen los temores,

con tiempo se marchitan nuestras flores,
con tiempo las promesa que deformas,
con tiempo luchas, mientras paz conformas,
con tiempo frágil piel, largos dolores.

Con tiempo pierde brillo fría luna,
Con tiempo gana el rayo Febo herido,
Con tiempo hiere color la mano bruna,

Con tiempo flor que nace inoportuna,
Con tiempo enfrento lo mortal, perdido,
Con tiempo nace tumba de la cuna.

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Soneto italiano anónimo y traducción.

SONETO ANÓNIMO ITALIANO
Vorrei saper da voi comme egli é fatta
quella rete d’amor che tanti á presi,
comme po’circundar tanti paesi
e comme el tempo ormai non l’á disfatta.
E se I’é ceco amor, comme si adatta
a fare i strali da sé di foco accesi:
e tanti che n’á dati e che n’á spesi
vorrei saper da voi donde li acatta.
E se I’é ver quel ch’an scritto i poeti
da una man l’arco tiene, l’altro la face,
comme po’ operar né stral né rete.
Or dica pur quel che le pare e piace
ch’amore a l’arco le saette e rete,
solo é un bel viso que diletta e piace.

SONETOS DE HERNANDO DE ACUÑA

Dígame quién lo sabe, ¿cómo es hecha
la red de Amor, que tanta gente prende?
¿Y cómo, habiendo tanto que la tiende,
no está del tiempo ya rota o deshecha?
¿Y cómo es hecho el arco que Amor flecha,
pues hierro, ni valor, se la defiende?
¿Y cómo o dónde halla, o quién le vende
de plomo, plata y oro, tanta flecha?
Y si dicen que es niño, ¿cómo viene
a vencer los gigantes ? Y si es ciego,
¿cómo toma al tirar cierta la mira?
Y si (como se escribe) siempre tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
¿cómo tiende la red, y cómo tira?

SONETO DE GUTIERRE DE CETINA
Querría saber, amantes, ¿cómo es hecha
esta amorosa red, que a tantos prende?
¿Cómo su fuerza en todo el mundo extiende,
o cómo el tiempo ya no la desecha?
Si Amor es ciego, ¿cómo se aprovecha
a hacer las saetas con que ofende?
Si no las hace Amor, ¿quién se las vende?
¿Con cuál tesoro compra tanta flecha?
Si tiene, como escriben los poetas,
en una mano el arco, en otra el fuego,
las saetas, la red, ¿con qué tira?
Las armas de Amor, tirano ciego,
un volver de ojos es que alegre os mira;
no el arco, ni la red, fuego y saetas.

La forma de escribir en el Siglo de Oro era en ocasiones, la traducción de otras obras clásicas o de contemporáneos extranjeros, que se convertían en una mal velada imitatio, que repetía las sílabas forzadas de la prínceps que se iba perdiendo y transformando en una copia sin original, las más de las veces, y la emulación de otras composiciones —emulatio— de los clásicos en otras ocasiones; famosos son los casos de Hernando de Acuña y el célebre soneto anónimo italiano que aquí reproducimos: «Vorrei saper da voi comme egli fatta», que dio lugar a tantas versiones posteriores, o el caso del poeta Tansillo, tan imitado por nuestros autores, ya Garcilaso teje una amplia red de traducciones en sus sonetos, véase la influencia de Sannazaro en su soneto XXXIX hasta Góngora en sus Soledades; en definitiva, el Siglo de Oro es una red enorme de interreferencialidad, un juego de espejos que pasa de la naturalidad armoniosa del Renacimiento hasta el desvestimento semántico de la epistemología cultural de los iconos mitológicos, religiosos y amorosos, que se van transformando lentamente en una admoneo vital o instrucción de la muerte, es decir, la lírica es producto de un cambio en la intensidad de los aspectos más vitales hasta desembocar en la honda preocupación existencial en los sonetos de Quevedo que funde la tradición clásica con la judeo-cristiana. Un juego de espejos que transforma el brillo en ciaroscuro, la belleza de la naturaleza en bodegón, naturaleza muerta, y la esplendorosa beldad en una vanitas que solo devuelve el grito de la muerte cercana reflejada en un espejo que solo vislumbra postrimerías. Por lo tanto, vamos a encontrar aquí una serie de tópicos que se estaban repitiendo en estos siglos y, de la cual, estos sonetos son una continuación, la originalidad es un concepto muy moderno, y la literatura española clásica ya ejercía esa practica de translatio-imitatio-emulatio desde Berceo a Juan Ruiz, la imitación o la recopilación de textos que se ensamblan para dar una obra mayor, o para crear una etiqueta que viene a salvaguardar un pasado esplendoroso.

BERNIER, JUAN ANTONIO (2017)
LETRA Y NUBE
VALENCIA: PRETEXTOS

La última publicación de Juan Antonio Bernier, (Córdoba, 1976), Letra y nube recorre los pasos de una poesía mínima, pero se magnifica en su recepción, ya que ahonda en el sentimiento poético del lector abriendo nuevos caminos en la poesía mediante la belleza de la reflexión, porque este libro surge de una reflexión profunda sobre el mismo ejercicio de la poesía y su materialización en la palabra. Esencia lírica una vez eliminado lo superfluo.
Bernier cuenta con un amplio abanico de influencias poéticas y tienden sus versos en este libro hacia el heptasílabo polirrítmico, ya que se van descubriendo cláusulas yámbicas: «la luz es siempre sabia», (p.30) y anapésticas: «alumbraron las hojas», (p. 41), y al mismo tiempo, también hay guiños hacia el tanka, el jaikú y a nuestra más cercana seguidilla.
Sin embargo, Bernier no solo busca la sorpresa al final del texto, el rizo estético en pos de una expresividad inusual, por otra parte, en la lírica española actual, sino que ancla un sucinto pensamiento que recorre el mapa de influencias sentimentales que proceden de la observación sosegada del paisaje, o de la contemplación reinterpretativa del individuo que representa al hombre, aquel otro yo rimbaudiano o máscara poética que el autor precisa para escudarse.
En «Molino de Rodalquilar» (p. 31): «Perdiz entre el tomillo. / Girando en torno a ella, / las estrellas». Donde nos ofrece una impresión convertida en imagen, y la imagen convertida en sentimiento que nos devuelve otra visión de la noche en las posibilidades de la lírica. Hay un decalaje en esta obra que viene dada por la brevedad del verso, utilizado históricamente para tonos más alegres y folclóricos, y la profundidad que le concede Bernier.
Libro construido en siete segmentos que versan sobre la fragilidad del mundo, sobre la inercia de la transitoriedad de la vida, la insoportable levedad del hombre, mezclando todo con el momento oscuro de la noche, con la voluptuosidad de los sentidos; el espejo deformado de nuestra recepción sentimental que magnifica todo lo que ha vivido mientras reconstruye el pasado y deforma el presente mediante el ejercicio poético.
Es un libro construido sobre la urdimbre de las sensaciones, de ahí la importancia de la luz y la oposición de la noche, un volumen que trata sobre la incidencia de la luz sobre los objetos a la manera de un pintor realista, el poeta a la espera de ese sesgo que le permite decir: «Esta higuera encendida / con las manos abiertas. / Fruto que se repliega: / ámbar de la semilla». (P. 28).
La noche ocupa un gran espacio en el cuerpo del poemario, imagen que nos conduce a la fragilidad del hombre y al cuestionamiento ante su manto infinito: «Quién me cerrará los ojos / cuando esté solo”. (P. 45). Libro basado en poderosas imágenes que recrean también paisajes apocalípticos, paisajes desolados que fuerzan a la Naturaleza a ser otra cosa, entendiendo por Naturaleza un símbolo, toda vez que esta ya no existe en el mundo actual: «Oscuramente ardía / detrás de la alambrada / la llama anaranjada / de la refinería». (P. 43). Un poema que mezcla la sensación de la noche con el cromatismo de la llama química y la sinestesia olorosa de dicho acto de refinamiento del crudo.
Porque también hay una crítica a la realidad, el enunciado ácido que debe conllevar una poesía rebelde, se critican los constructos de una sociedad en declive, la ambición desmedida que acaban convirtiéndose en adoración de la ruina, como lo haría Aníbal Núñez. Los nuevos paisajes construidos sobre su desolación: «Los faros del vehículo / alumbraron las hojas; / agitáronse, rojas, / en el bosque elidido».
Como resultado de una poesía breve, la expresividad se condensa, acercándose a un expresionismo que recuerda al sansirolé del poeta leonés Agustín Delgado. Así: «Indivisibilidad / de la invisibilidad». (P. 51). Donde el autor nos ofrece un juego de oído, una hábil reinterpretación de la poesía breve, rompiendo así la imaginación auditiva tradicional del poema.
Letra y nube o cómo dejar de ser pájaro para convertirse en vuelo, el poema es siempre la respuesta destrozando el silencio.

(Esta reseña ha aparecido en el último número de la revista Paraíso, editada por la Diputación Provincial de Jaén).

Sobre el inicio de la colección Caja de Formas — Piedra Papel Libros – Haciendo fértil el subsuelo de la industria editorial

Ahora que acabamos de publicar el octavo título de nuestra colección de poesía, Manual para nadie, de Isabel Tejada Balsas, os recordamos cuál fue el primer título que publicamos de dicha colección, Caja de Formas: hablamos de No hay nada que huya, de Joaquín Fabrellas. En este texto breve, que tenemos alojado en formato folleto […]

a través de Sobre el inicio de la colección Caja de Formas — Piedra Papel Libros – Haciendo fértil el subsuelo de la industria editorial

Curso del Quijote. V. Nabokov

[Nabokov], Vladimir.

Curso sobre el Quijote.

RBA Editores

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El Quijote es una de las grandes obras literarias de la humanidad, y como clásico, es cierto que se han vertido miles de páginas sobre su nacimiento, desarrollo, estructura, alcance, traducciones, versiones, y un largo sinfín de perspectivas que ha ido recibiendo esta obra.

No va a ser este artículo ni la refutación de un gran autor, Nabokov, ni la pronunciación ciega o la sorda adscripción a una corriente dominante de defensa del Quijote, porque las grandes obras de la humanidad no nacen de primeras, es decir, se van forjando con los años, con el lento paso del tiempo, cada generación aportará algo que la anterior no había visto, esto es algo que saben todos los que se dedican a escribir y saben que la literatura es una suma de capas, o una serie ordenada de círculos concéntricos que se van agrandando en función de su importancia universal.

El Quijote no nace como obra maestra, es cierto, la primerísima lectura de sus páginas se entendió como literatura humorística, y como tal, alcanzó fama internacional, como obra que parodiaba las novelas de caballerías, pero, ¿era ella misma una novela de caballerías? No, en absoluto, la remedaba, la intentaba imitar, es esa intención de copia la que ha mantenido fresca la intención primera de Cervantes, y uno de los exponentes que docenas de críticos han defendido sobre su naturaleza, ser la primera novela moderna, precisamente por ese índice de mezcla de ingredientes que contiene en su interior, por no tener un género definido y por contar con un gran alcance a pesar de los grandes condicionantes que tenía Cervantes como prosista, sin embargo, no estaba en su intención la de construir una obra maestra que se exportase como modelo de idealismo y de resistencia frente al mundo. Los verdaderos descubridores, como casi de todo el mundo moderno fueron los románticos alemanes, con su vuelta a los principios de la humanidad: la búsqueda de Troya, la vuelta a los textos sagrados, los clásicos griegos, los fundamentos de la civilización occidental, el origen de las lenguas europeas, las investigaciones sobre el lenguaje y sus relaciones con el sánscrito, la identificación del folclore europeo y su reflexión en autores como los Grimm, las investigaciones de los ritmos clásicos en el verso europeo, y cientos de actuaciones más que no vienen al caso, pero fueron ellos los que veneraron a Calderón, a Gracián, (Schopenhauer), el Barroco español era un momento que les fascinaba por todo aquello que tenía de espejo de una sociedad decadente, tras una reforma brutal de las instituciones eclesiásticas, cómo, el mismo espejo que reflejaba la alegría en el Renacimiento, Arcimboldo, se convierte con el tiempo en un espejo que solo refleja postrimerías, Valdés Leal, y vanidades, La venus del espejo, lo que era hermoso, se convierte en unos años, en belleza protésica, el carpe diem en tempus irreparabile fugit. Fueron ellos los que dictaminaron la dicotomía —antes inapreciable para el lector barroco, ni español ni francés o italiano—, no existía esa sensibilidad ante la apariencia y la realidad, el mundo como teatro, como representación, de ahí la importancia de Calderón, esta obra ya está representada y el final lo sabemos todos, da igual lo que hagamos en la obra, todo conduce irreparable hacia un único fin, parece decirnos la historiografía más destacada del Barroco.

El Barroco se da especialmente en España, es el país más afectado por la Contrarreforma católica , junto al sur de Italia, bajo el poder imperial español, y defiende la utilización de usos externos en cuanto a la adoración de signos religiosos frente al recatamiento de la iglesia protestante; al arte, tan cercano al mundo eclesial, por patronazgo, no le queda más remedio que tender a la exageración para continuar vivo, la exageración en lo formal y en el contenido no es más que una evolución estilística, de la claridad comprometida de obras como el Lazarillo se pasa a otras muy complejas técnicamente como el Guzmán de Alfarache, el Buscón, o el Quijote, entre otras. Ese manierismo es propio de una época de cambio, la pintura sufre la misma metamorfosis, la poesía también, la exageración temática y formal en los usos de los sonetos que se complican hasta lo indecible, de la claridad arquitectónica de Garcilaso a la deformación lingüística de Quevedo o Góngora, prodigios de la técnica poética, la violencia en un lenguaje que pone en crisis al propio lenguaje y demuestran la profunda crisis cultural procedente de una crisis económica y política, mientras España se erige como el poder del mundo, en su tierra, la pobreza campa a sus anchas.

Digo todo esto, porque es necesario conocerlo antes de analizar una obra de tal envergadura como el Quijote, que es reflejo de esa tensión provocada por un gobierno demasiado tecnificado en un mundo que está dejando de ser rural para convertirse en un pueblo de expedicionarios, no por amor al descubrimiento, si no por el deseo de sobrevivir, Guzmán o La Lozana andaluza, así como don Pablos ponen rumbo a las Indias. El propio Cervantes probó suerte en Italia, y en Lepanto, de donde salió herido y cautivo, cinco años en Argel, era la única manera de medrar en un imperio que premiaba la nobleza de sangre frente a la capacidad de sus súbditos en un reino donde la agricultura, con la expulsión de los moriscos, había empezado a decaer y donde la mayoría eran campesinos pobres, sin tierra, y con un alto porcentaje de clérigos y de nobles que tenían prohibido trabajar con sus manos. La situación de caos y de crisis era casi total. Esa situación deja constancia en su artes, la literatura es producto de la tensión entre dos mundos, bisagra entre un mundo cuando todo iba bien, a un momento en que se malvivía de las rentas, como es el caso de don Quijote, un hidalgo empobrecido, pero que no notaba los embates de la crisis económica en una ámbito rural.

Ese es el sustrato de donde surge el Quijote, un momento de crisis espiritual, económica, política, una contradicción en un cambio de época entre la institución normativa y la pulsión humana, un rígido protocolo que no tiene su correlato en un pueblo que se muere de hambre, que no le importa a grandeza de un estado que lo maltrata a un pueblo desabastecido, con la inmensa propiedad de las tierras en manos de unos pocos que explotaban.

Por ello, es errónea la lectura que hace Nabokov de ciertos aspectos del Quijote y que pone de manifiesto en su Curso sobre el Quijote, a pesar de hacer un leCtura acertada del mismo, no es suficiente para un autor de la altura de Nabokov.

Decir como afirma, que la geografía del Quijote es incierta, que Cervantes no conocía esos lugares, es no darse cuenta de un recurso que utilizó con maestría, la no definición de un lugar le confiere más realidad al lector, más interés por la procedencia, una forma de introducirnos más en ese mundo que no sabemos muy bien dónde discurre, en el plano real o en el imaginado, es una buena entrada a una de las narraciones más turbadoras de la literatura occidental. Esa indefinición es consciente por parte de Cervantes, es más, no era el primero en hacerlo, el Quijote es el reino de la indefinición, por eso es tan concreto a lo largo de los siglos, en lugar de ponerle un nombre rimbombante a su reino de partida, definió un lugar indeterminado de la Mancha, y si no lo define, además de ser una argucia, también es verdad que en España, por la meseta central todo el mundo podría haber pasado por allí alguna vez camino de la corte y haber preguntado por don Quijote, y haber descubierto la verdad de la mentira cervantina.

Cervantes conoce muy bien la geografía española, ha nacido en Alcalá de Henares, muy cerca de la Mancha, cerca, a su vez, de Andalucía, región que conocía muy bien debido a su oficio de recaudador de impuestos en los Pósitos reales, conoce bien Jaén, Baeza, Úbeda, Córdoba, Sierra Morena, Sevilla; Sevilla en esta época es como hablar del Londres victoriano, el lugar de donde partían las carabelas y los galeones hacia América, era la gran ciudad, conocía bien sus calles y sus gentes, así lo atestigua su novella Rinconete y Cortadillo que tiene como escenario la capital hispalense, y conoce bien el hampa sevillano, su rey Monipodio, rey de lo truhanes; conoce también, Valladolid, y Madrid, así como Italia, donde estuvo de joven sirviendo al cardenal Acquaviva, y conoce Argel donde ha estado preso cinco años, y Lepanto, donde ha recibido un disparo.

Parece obsesionado Nabokov en quedarse con el negativo más recurrente de la historia española, esa que se prodigó por todas las cortes europeas y que llegó a Rusia, debido a la influencia francesa, y ningún país como Francia le ha hecho tanto daño a la fama internacional de España, junto con el Reino Unido, que se encargaron de difundir la leyenda negra de una España que parecía celebrar juicios en plaza pública, y fue así, pero igual que en Francia, Italia, Portugal, Alemania, Bohemia, y otros países europeos que vieron en la Inquisición un arma adecuada de cohesión social. Eran otros tiempos. Duros. Cierto fue que la leyenda negra se vio incrementada por la participación en las guerras en los Países Bajos donde aún siguen teniendo la figura monstruosa de Pedro Negro, un español furibundo, las cazas y la muerte de holandeses a manos de españoles fue una realidad, no muy diferente de otras guerras de la época, ni de la esquilmación que hicieron los colonos holandeses e ingleses en aquel nuevo territorio americano, o los belgas en el Congo, por cierto, uno de los holocaustos más desconocidos de la historia actual.

Otro de los desconocimientos capitales de Nabokov es el de la cocina manchega, duelos y quebrantos no tiene que ver con la pena que siente el granjero por la muerte de su marrano, no, era un plato ya típico y que sigue siéndolo en la actualidad en toda la Mancha, es un plato de huevos con tocino, jamón y sesos. El Quijote es una libro de recetas, gracias al él se han conservado no solo los gustos culinarios de esa época, sino que es la cocina tradicional española, sus licores, en un tiempo anterior a la llegada de los alimentos americanos a la despensa española, la Mancha es el esqueleto original sobre el que nace la nación española, esa sequedad es un símbolo que utilizarían tantos poetas posteriores, pasando por Meléndez Valdés, hasta los poetas del 98, que hicieron de la Mancha la quintaesencia española, y no todo es sequedad y aridez, el llano manchego conserva múltiples hábitats y ecosistemas faunísticos que quizá no se conozcan bien en el extranjero. No voy a enumerarlos aquí, pero alguien que ama los lepidópteros quizá estaría interesado.

Otro de los aspectos que trata Nabokov es el del humor, y está muy interesado en señalar la diferencia con el humor producido en el siglo XVII y el humor que se produce cuando él escribió el libro sobre el Quijote, —a ningún español moderno le haría gracia tampoco las situaciones que sufre don Quijote—, y si mueven a risa es por la inédita situación de un viejo demacrado que se cree un caballero andante como los de seis siglos antes, digamos como el Cid, esa es la situación graciosa que se produce, incluso cuando lleva a un escudero que no es noble, sino un aldeano bonachón que busca su interés, como todos hacemos. Además contando con la traducción de Shelton, una de las más tempranas allá por 1612, quizá Shelton hizo una traducción que cargaba las tintas en la crueldad de los avatares que le sucedieron a Alonso Quijano, una buena forma de traducirlo, porque contamos con que el humor es ciertamente intraducible, tiene algo de doble sentido, de aspecto cultural que deben compartir los interlocutores, y eso es algo que no se puede entender desde la campiña inglesa en el siglo XVII, los ingleses no entienden bien el calor.

Sobre lo de la mejor novela del mundo, yo no estaría seguro, tampoco sé si es la primera, sé que la novela como invención literaria le debe mucho a la literatura española, y no es un orgullo patrio lo que me mueve, no tengo problema en reconocer las grandes obras literarias, los grandes nombres, pero todos tienen en común que surgieron como algo y se fueron convirtiendo en otra cosa sin seguir la intención primera de su autor, no me imagino a Homero, quien quiera que fuese, yo cada vez lo veo más como una abstracción panhelénica, pensando en la posteridad de sus obras, que creo más firmemente que fueron creadas por cada una de las generaciones posteriores, y como dije antes, por los románticos alemanes que vieron en el azul mediterráneo algo que ellos no podían imaginar desde el frío mar de Wadden, ya lo dijo Borges en ”Pierre Menard, autor del Quijote”, cada generación está destinada a hacer una lectura crítica de las grandes obras, por eso afirmaba que el Quijote de Menard era en mucho superior al original. Si pasamos el sesgo de la pacatería, esa hija bastarda de lo políticamente correcto que asola las universidades americanas y, por defecto, los despachos del resto de Universidades del mundo, ninguna obra magna pasaría el corte desarrollado en estos tiempos en que las diferencias raciales, las minorías étnicas y las diferencias sexuales, con muy buena intención, tienen tanto qué decir, no siendo algo cierto, porque las diferencias sociales siguen existiendo y nadie hace nada por remediarlo desde un lenguaje inclusivo, no sesgado y que trabaje para la unión en la desigualdad.

Esta novela quizá no sea la mejor, pero ciertamente, con el paso de tiempo se ha demostrado que esa técnica deshilvanada, esa indecisión, esa “torpeza”, ha resultado ser uno de los rasgos de la novela actual, como la aparición de un personaje desajustado, creo que desde entonces, todos los personajes literarios han sido desajustados sociales, Oliver Twist, Emma, el Conde de Montecristo, o han perseguido un sueño, el profesor Liddenbrok en llegar al centro de la tierra, o se enfrentaron a molinos de viento, Montag, o Un mundo feliz, o Winston el 1984, y tantos otros que se dieron cuenta de que la realidad era un lugar desafecto.

Sin embargo uno de los grandes logros del Quijote es el Lenguaje, el estilo cervantino es único, remeda el lenguaje grandilocuente de los libros de caballerías, lo baja al nivel de la calle, al cuando los pastores hablaban como letrados, es cierto que eso nunca ocurrió, pero es hermoso imaginarlo, por qué no, el lenguaje del Quijote es el elemento de cohesión mayor, el idealismo cervantino prefiguró la libertad que perseguían los románticos dos siglos después, el perspectivismo y la inclusión de los sueños que no aparecerían hasta bastante después tienen mucho que decir a favor del Quijote, lo que pasa es que hoy, parece que todo está inventado, y es cierto, pero lo hizo Miguel de Cervantes sin proponérselo, creo que se consideraba un autor mediocre, no había tenido suerte en nada, pero su vida era novelesca, por qué no llevarla al papel, sabía que no era un buen poeta, de hecho, técnicamente, no lo es, ni tampoco fue un buen autor teatral, cuando tienes que enfrentarte a Lope, es difícil que destaques en el drama, y él siempre pensó que la Galatea sería su gran obra literaria, La Galatea es un libro pastoril, no tiene ni pies ni cabeza, es una sucesión de discursos entre pastores dividida en seis libros. Sin embargo ronda en sus libros siempre el mismo aliento discursivo, de estar contándotelos Cervantes mismo, se puede ver esto en as Novelas ejemplares, ahí es Cervantes el que nos habla cara a cara, por su boca, casi intuimos su voz, los rasgos del lenguaje en un siglo que aprendía a jugar con sus posibilidades, porque eso es algo que se ha olvidado, una vez instalado el lenguaje y con una carrera tan larga en español, en inglés o en cualquier otra lengua de cultura, hoy las obras carecen de estilo en defensa de una causa, y no son pocas las novelas de tesis que se hacen en favor de una causa, ya no hay obras tan arriesgadas como el Quijote, que sabía que nacería como un producto reservado a unos pocos, pensó Cervantes.

Otro de los errores de Navokov es decir que el Quijote no está pensada o estructurada, sería capaz alguien, ya no solo Cervantes, en no pensar una novela durante los más de quince años que invirtió en su redacción, cuando Nabokov sabe, como escritor, que la novela puede tener una planificación previa, un esquema mental, pero que también le debe mucho, como todas las artes, a la improvisación, fruto de la técnica y de la seguridad en su trabajo, los circunloquios cervantinos son la muestra más valorada de su estilo, una defensa de la oralidad en la literatura, las vueltas en las aventuras, el segundo plano que adquieren los personajes principales son una muestra de la madurez creativa de su autor y la confianza en ellos mismos que dan la palabra a otros personajes que habitan la obra al mismo tiempo, y eso es un rasgo de la novela actual, los diferentes espacios, las diferentes situaciones en las que don Quijote y Sancho son meros introductores, un recurso teatral, de escenas dentro de la escena, de novela continua que se metamorfosea en diferentes escenarios para mostrarnos un fresco de la sociedad española y europea de aquel tiempo. También es cierto que previamente no había nada, es decir, en qué novela se puede fijar Cervantes, se dice que está basado en un paso de Lope de Rueda, un hidalgo loco al que le da por salir a recorrer el mundo, pero no había una novela parecida, si no eran las cientos de novelas de descabelladas aventuras caballerescas, que con la excepción cervantina de Amadís de Gaula, poco asidero en los que sostenerse para construir tan gran monumento literario, apenas La Celestina y el Lazarillo desde sus muy diferentes ámbitos podrían ayudarle a construir el perspectivismo de los personajes de diferente clase social y la crítica social implícita que muestran ambas obras previas a la publicación del Quijote.

Otro de los temas que critica Nabokov es el tratamiento que hace Cervantes de la naturaleza, ay, y eso sí que es injusto, no hay naturaleza en ninguna obra poética, literaria o pictórica del seiscientos, pero tampoco la hubo anteriormente, se representaba como un decorado de cartón piedra, como una excusa para incorporar al personaje, no la hubo en la Edad Media, no miraban a la naturaleza como correlato para la expresión de los sentimientos, no forma parte de ideario sentimental del hombre hasta fechas muy recientes: el hombre utilizaba la naturaleza para alimentarse de ella, no para contemplarla, casi todas las ciudades españolas aparecen despobladas de vegetación exterior debido a que se utilizaban sus árboles para hacer carbón y calentarse en invierno, para cocinar o para hacer “hogueras inquisitoriales”. En la Edad Media el locus amoenus era un simple decorado que representaba el paraíso terrenal y divino donde se incluían unos personajes que poco o nada tenían que ver con lo natural. El descubrimiento de lo natural pertenece de nuevo a la sensibilidad romántica, a Goethe, a Klinger, a los ingleses románticos de la campiña que ya empiezan a observar en la pureza del paisaje lo que la ciudad moderna les había arrebatado en su primera Revolución industrial. Los cuadros de Caspar Friedrich nos demuestran junto con los de Turner y Constable —todos ocupan a parte final del setecientos europeo—que el paisaje es ya un tema artístico en sí mismo, sobre todo porque plasma la zozobra espiritual del hombre que precisa apartarse de la ciudad para llegar a entender su melancolía o por el mero hecho de apreciar su belleza, lo que permitió, más tarde, la aparición del impresionismo.

En España, esa sensibilidad no vino hasta los neoclásicos, tan injustamente acusados de frialdad, de academicismo, lo cual no es más que otra falacia academicista para no estudiar una época en que la poesía europea se vio beneficiada por la influencia inglesa de mano del sensualismo, que ya conocían autores como Cadalso, o Meléndez Valdés, que reflejan en sus obras el tema de lo natural, mediante lo rural, y como ilustrados que quería defender la labor del agricultor hispano. Por lo tanto, acusar de falta de sensibilidad natural a Cervantes, es desconocer las principales corrientes literarias de Europa.

Acusa también la indecisión cervantina de los tres autores, Cide Hamete, el traductor y el propio Cervantes, y creo que es uno de los mayores logros cervantinos, que utiliza la técnica del espejo dentro del espejo que reverbera hasta el infinito, en los tres planos creativos, a quién le merece mayor responsabilidad creativa? El Quijote es un totum revolutum , hay aventuras, encuentros pastoriles, caballerías, crítica, dureza, frialdad, pero todo hilado con el fino estilo oratorio de Cervantes. Que sea perfecta esa obra está fuera del alcance de este estudio, seguro que no es perfecta, seguro que le queda mucho para serlo, pero ninguna obra lo es, a pesar de que pueda tener una apariencia de perfección formal, pero quedará fría en cuanto al contenido. EL Quijote es una obra de largo alcance y seguro que Cervantes jamás tuvo en mente hacer una obra maestra. Murió con la seguridad de que había alcanzado cierta fama, pero poco más.

La crueldad del Quijote no es superior a la crueldad del Lazarillo, en que un niño, hijo de una ramera, lo regala a un ciego una noche en que pasa por una posada, y de toda la gente que pasó, él era la mejor opción, ciego bastardo que lo maltrata, le destroza la cara en diferentes ocasiones, le rompe los dientes con un jarro de vino, vino al que Lázaro estaba muy acostumbrado porque le hacía olvidar el frío, el hambre, la penuria, el dormir en la calle, dureza, la de Lázaro al estrellar contra el poste al ciego malvado al que deja medio muerto mientras se encuentra con un clérigo aún peor, que incluso el anónimo autor del mismo no se atrevió ni siquiera a relatar por las cosas que vio con él, no quiero ni imaginar qué tipo de vejaciones tuvo que ver en el corto espacio de tiempo, incluso Lolita se habría quedado corta en depravación.

Crueldad la de la Celestina, asesinatos, codicia, ambición, sexo, brujería, lujuria, el hampa, no sé, se me ocurren cientos de ejemplos más, La lozana andaluza es maravillosa, la prostitución en Roma, la ciudad del Vaticano y el negocio del proxenetismo, ¿dura el Quijote, humor negro?, no, dése usted una vuelta por las páginas del Buscón y compruébe las vejaciones a las que someten a Pablos en su época de estudiante e incluso después.

No, el Quijote no es una novela dura. Ni tiene que ver con un reinado, el de los Felipes, como dice Nabokov en su estudio, no eran unos reyes especialmente alejados de la realidad, y fueron bastante austeros, nada oscuros, simplemente hay que informarse más y mejor sobre una época apasionante de la historia europea, lo que pasa es que como ruso, tendría una educación afrancesada, y le llegó la grandeza de lo francés frente a la austeridad de los Austrias españoles, herederos del mundo.

Es cierto que el Quijote todo se mezcla, Alonso Quijano y el estilo es la novela, casi toda ella. Sansón Carrasco no lucha contra don Quijote por humillarlo, ni por engañarlo, lo hace porque piensan que es la mejor forma de hacerlo, venciendo a un hombre mayor, Sansón era fuerte y joven sería pan comido y vuelta a casa, y ahí se acabaría la historia de Don Quijote, no había forma de convencerlo. Solo esa.

Y sin embargo Nabokov no habla de un recurso que utilizó Cervantes en la cueva de Montesinos donde el tiempo se hace relativo, habla de tres días con sus tres noches las que él permaneció allí, y Sancho esperándolo afuera dice que solo había pasado media hora, ¿de verdad se le pasa por alto tal grado de abstracción cervantina, tal profundización en el abismo de la locura?

Cervantes despliega una obra teatral con diferentes planos de profundización, lo real y lo ficticio, un autor falso frente a un autor real, lo que se ve superado por la aparición de un Quijote falso, el de Avellaneda, y ese elemento exoliterario convierte a don Quijote en un personaje real, le da carta de naturaleza, esas aventuras ficticias han creado un ente metaliterario y un autor apócrifo que hace que cambie el plan original de Cervantes. No se trata tanto de las veces que vence, no, se trata de la idealización frente a un mundo que está engañado, la mayoría está engañada, son molinos de viento y nadie lo ve, de esa capacidad crítica del ser humano que se ve manipulado por los grandes grupos de poder. Y son todos esos elementos interno y externos de la obra lo que convierten a este libro en un clásico, no si está mejor o peor escrita, sino la perdurabilidad de sus palabras, de su mensaje que Nabokov no fue capaz de ver quizá cegado por su propio resplandor, al final él también parece haberse convertido en uno de los personajes de Pálido fuego, ese profesor universitario que inventa la obra y la proyección de la misma de un autor zemblano que era él mismo, el emperador en una cáscara de nuez.

Supongo que la Welleslley College le pagaría muy bien esas lecciones.

 

 

Exceso de tinta

EXCESO DE TINTA,

Me repuso Francisco (Paco) Cumpián, maestro editor malagueño de los que no van quedando ya muchos, de los que compran letras de hierro para re-construir versos y afirma que le durarán toda la vida (esas letras), porque él se hizo editor mirando las revistas de Litoral en su Málaga; y también me confiesa, entre vinos, que su imprenta no cabrá por la Medina, que a su empresa le queda poco, apenas unos libros, algunas traducciones; es grande el corazón de la máquina, quizá en Chefchaouen encuentre en un mercadillo alguna imprenta pequeña que las calles estrechas puedan domesticar, pero me dice que el secreto de esas páginas con relieve que tanto sorprenden a la mano y tanto reconfortan al ojo es el exceso de tinta, que ese pequeño defecto con el tiempo se convierte en el mejor aliado del verso, porque le da una consistencia muy apreciada a la lectura, el tiempo se alía con el metro y con la tipografía: el olor característico de letra fresca, el hallazgo de lo publicado en un papel fuerte.
Me dice que lo próximo que haga quizá sea papel, y que quizá publique algunas tiradas, imagino, de poetas rifeños que rimen la belleza desértica con los olores del kif más fragante.
Editor lumpen, poeta de la noche, contrariado, beat de aguardiente y humo, trajo hace poco Cumpián al mundo el último libro de otro poeta malagueño, Jacinto Pariente, poeta que traduce y compone con la misma intensidad y que recita y lee sus traducciones con una voz inconfundible y un tránsito en sus gestos de quien ha visto el movimiento continuo de la sílaba y el acento.
Junto a Antonio Blanco, Sergio Franco, María Eloy, o Juan Manuel Villalba, componen lo más revolucionario y selecto de las letras malagueñas: independencia, originalidad y pasión por el metro comprometido, resonante, funcional y dialéctico.

He aquí un soneto de Jacinto Pariente, publicado en Harto de prodigios:

Cuando se tiene un arma en cada ojo
y los dientes y el salto de la ardilla
y mucho no se sabe y poca silla
y mucho equilibrismo y poco antojo,

no sirve ni el candado ni el cerrojo,
ni supertelescópica mirilla,
ni la jaula real ni la otra orilla,
falsa palabrería o falso arrojo.

Cuerpo de avión, ternura de zapato,
rompe de una pedrada una botella,
dibuja en la pared un garabato

y le da igual lo que es la buena estrella
porque le importan más los buenos ratos;
y el verso le persigue y nunca es ella.

Jacinto Pariente en Harto de prodigios. P. 59. Francisco Cumpián Editor.
Colección “En Picado. Poesía. N. 3”
2018
El Árbol de Poe