Una foto. Arqueología de un instante

Estaban todos, era 1957, el set era exterior, un patio a oscuras una noche de verano, la bombilla desnuda, humilde, había sido cubierta con un papel de estraza, pero esto quizá me lo esté inventando, acuciado por la necesidad del recuerdo, impelido por la voluntad del olvido. La mirada al sesgo del personaje que mira de frente esconde demasiadas muertes, muertes que él ignora, pero yo no. Sabe que no tiene una buena mano, por eso aparenta esa fiereza en el rostro duro, cortado por la luz artificial, un rostro que contempla fijo el personaje de espaldas a nosotros, pero que es el único que le ve de frente, no le teme, nada puede temer.
Alguien lleva una túnica del revés, pero de esto me acuerdo poco, porque las veces que he estado ahí, no me dejaron ver más de lo que se puede ver desde la fotografía que todos tenemos delante. Hay una mujer sugerente formando una s con su cuerpo, acaricia tibiamente el cuello de uno de los jugadores, posiblemente sea yo, atrás lleva una pistola, muy negra, todavía fría que no dudará en usar cuando se lo pida alguien, de espaldas a mí, a todos, pero recuerdo que está frente a ellos; la mujer aguarda su orden, casi ansiosa, no mostrará duda o rencor en disparar el gatillo, ha sido engañada tantas veces. Le encanta la crueldad y el dinero.
La mesa es mínima, no tiene tapete, solo un mantel de hule blanco y pegajoso, el sudor forma cercos cuando se apoyan los brazos y la piel se pega al hule, es difícil desasirse de él.
En un momento incierto, todo ocurre, el brazo se despega, un naipe cae en la mesa dando por zanjada esa mano, alguien maldice su mala suerte, el ganador no se inmuta acostumbrado a la cara de póquer permanente y pronuncia muy lento: dispara, en el mismo instante en que alguien apura un vaso de whisky malo y la gota de la frente del sudor del muerto cae sobre el mantel haciendo un ruido metálico, sin vida.
Esto no ha ocurrido todavía.

Joaquín Fabrellas

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Sonetos italianos

Co ’l tempo passan gli anni, e mesi, e l’ore;
co ’l tempo le ricchezze, imperio e regno;
co ’l tempo fama, onor, forza e ingegno;
co ’l tempo gioventù e beltà more;
co ’l tempo manca ciascun erba e fiore,
co ’l tempo ogni arbor torna in secco legno;
co ’l tempo passan guerre, ingiurie e sdegno;
co ’l tempo fugge e parte ogni dolore;
co ’l tempo il tempo chiar s’inturba e bruna;
co ’l tempo ogni piacer finisce e stanca;
co ’l tempo il mar tranquil dà gran fortuna;
co ’l tempo in acqua vien la neve bianca;
co ’l tempo perde il suo splendor la luna.
Ma in me già mai l’amor co ’l tempo manca.

Soneto de Vincenzo Colli

Co ’l tempo el villanel al giogo mena
el tor, sì fiero e sì crudo animale;
co ’l tempo el falcon si usa a menar l’ale
e ritornar a te, chiamato a pena;
co ’l tempo si domestica in catena
el bizzarro orso e ’l feroce cinghiale;
co ’l tempo l’ acqua, ch’ è sì molle e frale,
rompe el dur sasso come el fosse arena;
co ’l tempo ogni robusto arbor cade;
co ’l tempo ogni alto monte si fa basso.
Ed io co ’l tempo non posso a pietade
mover un cor d’ogni dolcezza casso:
onde avanza di orgoglio e crudeltade
orso, toro, leon, falcone e sasso.

Soneto de P. Sasso

Soneto pasajero.
Joaquín Fabrellas
Co´l tempo, fama, onor, forza e ingegno
Soneto de Vincenzo Colli, “il Calmeta”. S. XVI.

Con tiempo van los años, los amores,
Con tiempo la tristeza fija normas,
Con tiempo la riqueza gasta formas,
Con tiempo siempre vencen los temores,

con tiempo se marchitan nuestras flores,
con tiempo las promesa que deformas,
con tiempo luchas, mientras paz conformas,
con tiempo frágil piel, largos dolores.

Con tiempo pierde brillo fría luna,
Con tiempo gana el rayo Febo herido,
Con tiempo hiere color la mano bruna,

Con tiempo flor que nace inoportuna,
Con tiempo enfrento lo mortal, perdido,
Con tiempo nace tumba de la cuna.

Soneto italiano anónimo y traducción.

SONETO ANÓNIMO ITALIANO
Vorrei saper da voi comme egli é fatta
quella rete d’amor che tanti á presi,
comme po’circundar tanti paesi
e comme el tempo ormai non l’á disfatta.
E se I’é ceco amor, comme si adatta
a fare i strali da sé di foco accesi:
e tanti che n’á dati e che n’á spesi
vorrei saper da voi donde li acatta.
E se I’é ver quel ch’an scritto i poeti
da una man l’arco tiene, l’altro la face,
comme po’ operar né stral né rete.
Or dica pur quel che le pare e piace
ch’amore a l’arco le saette e rete,
solo é un bel viso que diletta e piace.

SONETOS DE HERNANDO DE ACUÑA

Dígame quién lo sabe, ¿cómo es hecha
la red de Amor, que tanta gente prende?
¿Y cómo, habiendo tanto que la tiende,
no está del tiempo ya rota o deshecha?
¿Y cómo es hecho el arco que Amor flecha,
pues hierro, ni valor, se la defiende?
¿Y cómo o dónde halla, o quién le vende
de plomo, plata y oro, tanta flecha?
Y si dicen que es niño, ¿cómo viene
a vencer los gigantes ? Y si es ciego,
¿cómo toma al tirar cierta la mira?
Y si (como se escribe) siempre tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
¿cómo tiende la red, y cómo tira?

SONETO DE GUTIERRE DE CETINA
Querría saber, amantes, ¿cómo es hecha
esta amorosa red, que a tantos prende?
¿Cómo su fuerza en todo el mundo extiende,
o cómo el tiempo ya no la desecha?
Si Amor es ciego, ¿cómo se aprovecha
a hacer las saetas con que ofende?
Si no las hace Amor, ¿quién se las vende?
¿Con cuál tesoro compra tanta flecha?
Si tiene, como escriben los poetas,
en una mano el arco, en otra el fuego,
las saetas, la red, ¿con qué tira?
Las armas de Amor, tirano ciego,
un volver de ojos es que alegre os mira;
no el arco, ni la red, fuego y saetas.

La forma de escribir en el Siglo de Oro era en ocasiones, la traducción de otras obras clásicas o de contemporáneos extranjeros, que se convertían en una mal velada imitatio, que repetía las sílabas forzadas de la prínceps que se iba perdiendo y transformando en una copia sin original, las más de las veces, y la emulación de otras composiciones —emulatio— de los clásicos en otras ocasiones; famosos son los casos de Hernando de Acuña y el célebre soneto anónimo italiano que aquí reproducimos: «Vorrei saper da voi comme egli fatta», que dio lugar a tantas versiones posteriores, o el caso del poeta Tansillo, tan imitado por nuestros autores, ya Garcilaso teje una amplia red de traducciones en sus sonetos, véase la influencia de Sannazaro en su soneto XXXIX hasta Góngora en sus Soledades; en definitiva, el Siglo de Oro es una red enorme de interreferencialidad, un juego de espejos que pasa de la naturalidad armoniosa del Renacimiento hasta el desvestimento semántico de la epistemología cultural de los iconos mitológicos, religiosos y amorosos, que se van transformando lentamente en una admoneo vital o instrucción de la muerte, es decir, la lírica es producto de un cambio en la intensidad de los aspectos más vitales hasta desembocar en la honda preocupación existencial en los sonetos de Quevedo que funde la tradición clásica con la judeo-cristiana. Un juego de espejos que transforma el brillo en ciaroscuro, la belleza de la naturaleza en bodegón, naturaleza muerta, y la esplendorosa beldad en una vanitas que solo devuelve el grito de la muerte cercana reflejada en un espejo que solo vislumbra postrimerías. Por lo tanto, vamos a encontrar aquí una serie de tópicos que se estaban repitiendo en estos siglos y, de la cual, estos sonetos son una continuación, la originalidad es un concepto muy moderno, y la literatura española clásica ya ejercía esa practica de translatio-imitatio-emulatio desde Berceo a Juan Ruiz, la imitación o la recopilación de textos que se ensamblan para dar una obra mayor, o para crear una etiqueta que viene a salvaguardar un pasado esplendoroso.

BERNIER, JUAN ANTONIO (2017)
LETRA Y NUBE
VALENCIA: PRETEXTOS

La última publicación de Juan Antonio Bernier, (Córdoba, 1976), Letra y nube recorre los pasos de una poesía mínima, pero se magnifica en su recepción, ya que ahonda en el sentimiento poético del lector abriendo nuevos caminos en la poesía mediante la belleza de la reflexión, porque este libro surge de una reflexión profunda sobre el mismo ejercicio de la poesía y su materialización en la palabra. Esencia lírica una vez eliminado lo superfluo.
Bernier cuenta con un amplio abanico de influencias poéticas y tienden sus versos en este libro hacia el heptasílabo polirrítmico, ya que se van descubriendo cláusulas yámbicas: «la luz es siempre sabia», (p.30) y anapésticas: «alumbraron las hojas», (p. 41), y al mismo tiempo, también hay guiños hacia el tanka, el jaikú y a nuestra más cercana seguidilla.
Sin embargo, Bernier no solo busca la sorpresa al final del texto, el rizo estético en pos de una expresividad inusual, por otra parte, en la lírica española actual, sino que ancla un sucinto pensamiento que recorre el mapa de influencias sentimentales que proceden de la observación sosegada del paisaje, o de la contemplación reinterpretativa del individuo que representa al hombre, aquel otro yo rimbaudiano o máscara poética que el autor precisa para escudarse.
En «Molino de Rodalquilar» (p. 31): «Perdiz entre el tomillo. / Girando en torno a ella, / las estrellas». Donde nos ofrece una impresión convertida en imagen, y la imagen convertida en sentimiento que nos devuelve otra visión de la noche en las posibilidades de la lírica. Hay un decalaje en esta obra que viene dada por la brevedad del verso, utilizado históricamente para tonos más alegres y folclóricos, y la profundidad que le concede Bernier.
Libro construido en siete segmentos que versan sobre la fragilidad del mundo, sobre la inercia de la transitoriedad de la vida, la insoportable levedad del hombre, mezclando todo con el momento oscuro de la noche, con la voluptuosidad de los sentidos; el espejo deformado de nuestra recepción sentimental que magnifica todo lo que ha vivido mientras reconstruye el pasado y deforma el presente mediante el ejercicio poético.
Es un libro construido sobre la urdimbre de las sensaciones, de ahí la importancia de la luz y la oposición de la noche, un volumen que trata sobre la incidencia de la luz sobre los objetos a la manera de un pintor realista, el poeta a la espera de ese sesgo que le permite decir: «Esta higuera encendida / con las manos abiertas. / Fruto que se repliega: / ámbar de la semilla». (P. 28).
La noche ocupa un gran espacio en el cuerpo del poemario, imagen que nos conduce a la fragilidad del hombre y al cuestionamiento ante su manto infinito: «Quién me cerrará los ojos / cuando esté solo”. (P. 45). Libro basado en poderosas imágenes que recrean también paisajes apocalípticos, paisajes desolados que fuerzan a la Naturaleza a ser otra cosa, entendiendo por Naturaleza un símbolo, toda vez que esta ya no existe en el mundo actual: «Oscuramente ardía / detrás de la alambrada / la llama anaranjada / de la refinería». (P. 43). Un poema que mezcla la sensación de la noche con el cromatismo de la llama química y la sinestesia olorosa de dicho acto de refinamiento del crudo.
Porque también hay una crítica a la realidad, el enunciado ácido que debe conllevar una poesía rebelde, se critican los constructos de una sociedad en declive, la ambición desmedida que acaban convirtiéndose en adoración de la ruina, como lo haría Aníbal Núñez. Los nuevos paisajes construidos sobre su desolación: «Los faros del vehículo / alumbraron las hojas; / agitáronse, rojas, / en el bosque elidido».
Como resultado de una poesía breve, la expresividad se condensa, acercándose a un expresionismo que recuerda al sansirolé del poeta leonés Agustín Delgado. Así: «Indivisibilidad / de la invisibilidad». (P. 51). Donde el autor nos ofrece un juego de oído, una hábil reinterpretación de la poesía breve, rompiendo así la imaginación auditiva tradicional del poema.
Letra y nube o cómo dejar de ser pájaro para convertirse en vuelo, el poema es siempre la respuesta destrozando el silencio.

(Esta reseña ha aparecido en el último número de la revista Paraíso, editada por la Diputación Provincial de Jaén).

Sobre el inicio de la colección Caja de Formas — Piedra Papel Libros – Haciendo fértil el subsuelo de la industria editorial

Ahora que acabamos de publicar el octavo título de nuestra colección de poesía, Manual para nadie, de Isabel Tejada Balsas, os recordamos cuál fue el primer título que publicamos de dicha colección, Caja de Formas: hablamos de No hay nada que huya, de Joaquín Fabrellas. En este texto breve, que tenemos alojado en formato folleto […]

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